La belleza de los niños

Un niño pequeño ve reflejado un prisma multicolor en el aceite derramado en la entrada del garaje y grita : “¡Ven rápido, mamá, hay un arco iris muerto en el suelo!”

El niño percibe el mundo de una manera muy diferente al adulto y ¡no existe nada más bello que su inocencia! Este niño pequeño es espontáneo, ocurrente, fresco, y se siente contento de existir. Su abrazo entusiasta es abierto y confiado. Sus movimientos, ligeros y graciosos.

Vive lleno de asombro. Las cosas que para un adulto son insignificantes, para él son la puerta de su imaginación, donde descubre lo que los adultos ya han dejado atrás: el mundo mágico donde todo es posible.

Sin esfuerzo alguno, este niño percibe la bondad en cada persona. Seas como seas, así te quiere. No espera nada y espera todo. Si lo observas, verás que aún tiene estrellas en los ojos.

Conforme crece, se va abriendo a la realidad y cerrándose al mundo del ensueño. Las cosas adquieren una nueva dimensión y lo que gana en ese proceso necesario de maduración, lo pierde en inocencia.

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¿Qué ocurre cuando aceleras este proceso? ¿Al permitirle que presencie en los medios cosas que no son adecuadas para su edad? ¿Si, en vez de protegerlo, lo enfrentas antes de tiempo, a una realidad cruda, violenta y cruel?

Es como darle de comer carne a un recién nacido, que al carecer de las enzimas para digerirla, enfermará. De la misma manera, el niño pequeño, sin las enzimas emocionales para asimilar esas imágenes, se hará daño.

Ese niño es como la fruta que madurada artificialmente, conserva su apariencia, pero pierde su sabor. Al habitar el mundo adulto prematuramente, se inquietará y se volverá temeroso. Será un niño desfasado, desconfiado, de movimientos erráticos y nerviosos; que pretenderá de día que nada lo impresiona, pero por la noche, no podrá dormir.

Será como la planta que por sembrarse a la intemperie, crecerá débil y torcida, por los azotes del mal tiempo. En cambio, la planta que germina con todos los cuidados en un invernadero, estará bien arraigada, y al ser trasplantada, soportará cualquier inclemencia. De la misma forma, el niño que se mantiene protegido e inocente, y que se le permite madurar lentamente, crecerá fuerte para enfrentar los retos que la vida le presentará.

Protege la inocencia del niño pequeño, para que, sin ninguna otra preocupación, ¡disfrute de su niñez y crezca sano!

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